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Veinticinco años después del 9/11, los expertos en seguridad continúan divididos sobre el legado estratégico de al-Qaeda

Un cuarto de siglo después de los ataques de 2001, los analistas no se ponen de acuerdo sobre si la organización terrorista logró sus objetivos a largo plazo o sufrió una derrota estratégica, según Graeme Wood.

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Veinticinco años después del 9/11, los expertos en seguridad continúan divididos sobre el legado estratégico de al-Qaeda

Un cuarto de siglo después de los ataques de 2001, los analistas no se ponen de acuerdo sobre si la organización terrorista logró sus objetivos a largo plazo o sufrió una derrota estratégica, según Graeme Wood.

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Este artículo fue traducido automáticamente por la IA de nuestra redacción desde el original en inglés. Leer en inglés

Veinticinco años después del 9/11, los expertos en seguridad continúan divididos sobre el legado estratégico de al-Qaeda

Un cuarto de siglo después de que los ataques del 11 de septiembre de 2001 transformaran la política global, los expertos en seguridad nacional y analistas de política exterior siguen fundamentalmente divididos sobre si al-Qaeda logró en última instancia sus objetivos estratégicos, según la información de Graeme Wood. El debate pone de relieve las complejas métricas utilizadas para evaluar el éxito y el fracaso en la guerra asimétrica, con académicos que llegan a conclusiones marcadamente diferentes veinticinco años después de los atentados contra New York y Washington.

A medida que se acerca este aniversario hito, la evaluación de la trayectoria de al-Qaeda implica contrastar la gran estrategia declarada del grupo con los resultados tangibles de las dos décadas y media posteriores. Según el análisis de Wood, la incapacidad de los expertos para llegar a un consenso refleja la doble naturaleza del conflicto, donde las derrotas tácticas de la red terrorista coexisten con alteraciones profundas y permanentes en la arquitectura de seguridad global y en las prioridades de la política exterior estadounidense.

## Evaluando la victoria y la derrota estratégica

Determinar si un grupo armado no estatal ha tenido éxito requiere evaluar tanto su supervivencia operativa como su impacto político más amplio. En los años posteriores a los ataques de 2001, al-Qaeda se enfrentó a una campaña global antiterrorista sin precedentes que desmanteló gran parte de su liderazgo central, desarticuló sus redes financieras y la privó de su principal base operativa en Afganistán.

Sin embargo, como señala Wood, el debate entre los especialistas se centra en si esas pérdidas tácticas pesaron más que los cambios geopolíticos a escala macro desencadenados por los ataques. Quienes critican la postura de que al-Qaeda fracasó sostienen que la ambición principal del grupo no era necesariamente establecer un dominio territorial inmediato, sino más bien provocar una respuesta contundente por parte de Estados Unidos que agotara el capital económico y político estadounidense a largo plazo.

Desde esta perspectiva, las prolongadas intervenciones militares, los masivos gastos en defensa y los reordenamientos políticos que siguieron al 9/11 se alinean con las trampas estratégicas que el grupo intentó tender. Por el contrario, los académicos que sostienen que la organización sufrió un fracaso decisivo enfatizan que al-Qaeda nunca alcanzó su objetivo ideológico final: el derrocamiento de los gobiernos laicos en todo el mundo musulmán y el establecimiento de un califato global unificado bajo su liderazgo.

## Las ambiciones originales de los ataques de 2001

Para medir los resultados a largo plazo de al-Qaeda, los analistas de seguridad reexaminan con frecuencia las motivaciones declaradas por sus líderes fundadores antes de 2001. El liderazgo central de la organización consideraba los atentados contra las embajadas de 1998, el ataque al USS Cole y los atentados de 2001 como una serie de acciones escalonadas destinadas a forzar la retirada de la presencia militar occidental de Medio Oriente.

Según el análisis de Wood, una perspectiva entre los académicos de seguridad nacional sostiene que al-Qaeda pretendía arrastrar a Estados Unidos a guerras terrestres costosas e inganables en la región. Al enredar a las fuerzas estadounidenses en una guerra asimétrica urbana y de guerrillas, el grupo buscaba infligir un desgaste psicológico y económico a la superpotencia, reflejando el colapso de la Unión Soviética tras su intervención militar en Afganistán durante la década de 1980.

Aunque Estados Unidos sí se involucró en prolongadas intervenciones militares en Afganistán e Irak, los resultados políticos de esos conflictos no condujeron a una alineación generalizada de las poblaciones regionales con el modelo específico de gobernanza religiosa o política de al-Qaeda. En su lugar, la región en su conjunto experimentó inestabilidad política, fragmentación civil y la aparición de facciones extremistas rivales que a menudo competían directamente con al-Qaeda por influencia y recursos.

## Degradación del liderazgo y la fuerza operativa

Quienes argumentan que al-Qaeda sufrió una derrota general señalan la destrucción sistémica de su estructura de mando durante los últimos veinticinco años. Los ataques militares selectivos, las redes de intercambio de inteligencia y las sanciones financieras internacionales erosionaron progresivamente la capacidad de la organización central para orquestar ataques internacionales complejos y a gran escala.

La muerte del fundador Osama bin Laden en 2011, seguida de la eliminación de sucesores clave y comandantes operativos, debilitó severamente la autoridad central del grupo. Como se señala en la información de Wood, esta implacable presión antiterrorista obligó a al-Qaeda a transformarse de una organización centralizada y estrechamente controlada a una red descentralizada de franquicias regionales.

Si bien estas filiales regionales mantuvieron operaciones en zonas como África Occidental, la Península Arábiga y África Oriental, con frecuencia priorizaron las luchas políticas locales por encima del enfoque principal del liderazgo central en atentar contra el "enemigo lejano" occidental. Para muchos analistas, esta transferencia de autoridad central representa un fracaso de la organización principal para mantener un control estratégico cohesivo o ejecutar su visión original.

## El impacto a largo plazo en la seguridad global

A pesar de la degradación de su mando central, el legado duradero de los ataques de 2001 es evidente en la reorganización permanente de los sistemas de seguridad internacional. Según el examen del asunto realizado por Wood, los partidarios del argumento de que al-Qaeda logró cierto grado de éxito estratégico enfatizan los cambios estructurales impuestos a las naciones occidentales.

La creación de amplios aparatos de vigilancia nacional, las mejoras permanentes en la seguridad fronteriza y la ampliación de la legislación antiterrorista transformaron la gobernanza interna en muchas naciones democráticas. Además, los billones de dólares destinados a la defensa nacional y la inteligencia durante un cuarto de siglo alteraron las prioridades presupuestarias federales y las trayectorias económicas a largo plazo.

Los analistas de seguridad que consideran que al-Qaeda tuvo un éxito parcial argumentan que estos cambios institucionales demuestran la capacidad del grupo para imponer costos masivos y duraderos a sus adversarios mediante un solo día de ataques coordinados, independientemente del destino posterior de sus líderes individuales.

## Debates en curso entre los expertos en seguridad

A medida que las instituciones académicas y políticas conmemoran veinticinco años desde los ataques del 9/11, la falta de consenso pone de manifiesto desacuerdos fundamentales sobre cómo se define la victoria en los conflictos modernos no estatales. Según la información de Graeme Wood, el debate en curso deja abierta la cuestión de si el éxito estratégico debe medirse por la supervivencia y el control territorial de una organización, o por el grado en que altera la trayectoria histórica de sus oponentes.

Aunque al-Qaeda no logró hacer realidad su visión de un movimiento global integrado bajo su mando directo, reconfiguró fundamentalmente las prioridades geopolíticas globales durante una generación. La división entre los analistas subraya que los conflictos asimétricos rara vez producen resultados claros, dejando el veredicto final sobre el legado de al-Qaeda sujeto a un debate continuo.

Este artículo se basa en información y análisis publicados originalmente por Graeme Wood.

Fuente: Graeme Wood

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