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Los cortafuegos verdes irrigados pueden frenar los incendios forestales australianos, según un estudio de simulación

La modelización informática realizada por la University of the Sunshine Coast demuestra que combinar plantas de baja inflamabilidad con riego localizado reduce la propagación e intensidad del fuego, concediendo un tiempo crítico a las comunidades.

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Los cortafuegos verdes irrigados pueden frenar los incendios forestales australianos, según un estudio de simulación

La modelización informática realizada por la University of the Sunshine Coast demuestra que combinar plantas de baja inflamabilidad con riego localizado reduce la propagación e intensidad del fuego, concediendo un tiempo crítico a las comunidades.

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Este artículo fue traducido automáticamente por la IA de nuestra redacción desde el original en inglés. Leer en inglés

SUNSHINE COAST, Australia — La modelización por simulación informática realizada por investigadores de la University of the Sunshine Coast ha demostrado que irrigar estratégicamente zonas de vegetación de baja inflamabilidad puede frenar sustancialmente la propagación y reducir la intensidad térmica de los incendios forestales. El estudio, publicado el 2 de octubre de 2026, se centra en cortafuegos verdes a escala de paisaje: franjas de tierra designadas y plantadas con flora resistente al fuego, respaldadas por sistemas de riego localizado. Al suprimir la altura de las llamas y retrasar el avance de los incendios forestales a lo largo de zonas de amortiguamiento críticas, la estrategia busca proporcionar a los equipos de emergencia y a las comunidades residenciales un tiempo adicional vital para ejecutar evacuaciones, instalar equipos defensivos y desplegar recursos de extinción durante episodios meteorológicos de incendios graves.

## Datos clave

- Investigadores de la University of the Sunshine Coast utilizaron modelos de simulación informática avanzados para evaluar el rendimiento de las barreras de vegetación irrigada de baja inflamabilidad durante los incendios forestales. - La modelización reveló que combinar especies de plantas de baja inflamabilidad con riego localizado reduce significativamente tanto la velocidad prevista de avance como la intensidad general del fuego. - Las zonas de amortiguamiento de cortafuegos verdes están diseñadas para instalarse a lo largo de la interfaz urbano-forestal a fin de reducir la altura de las llamas y suprimir la generación de ascuas voladoras. - La estrategia aborda desafíos históricos expuestos por grandes desastres australianos, incluidos los incendios forestales del Black Summer de 2019-2020 que quemaron más de 24 millones de hectáreas en todo el país. - La aplicación del modelo durante condiciones de sequía prolongada depende del acceso a suministros continuos de agua, como aguas residuales municipales recicladas o redes de captación de aguas pluviales.

## Qué ocurrió

Investigadores de la University of the Sunshine Coast utilizaron software de simulación del comportamiento del fuego para probar cómo las modificaciones deliberadas en la composición de la vegetación y los niveles de humedad del paisaje alteran la dinámica del avance de los incendios forestales. La mitigación tradicional de incendios en Australia se basa predominantemente en cortafuegos físicos, desbroce a suelo desnudo y quemas prescritas estacionales para eliminar el combustible seco de la trayectoria de posibles incendios. La simulación de Sunshine Coast examinó un enfoque de infraestructura verde: la creación de barreras vegetativas vivas, conocidas como cortafuegos verdes o escudos verdes, situadas directamente entre el matorral nativo y las comunidades pobladas.

Las simulaciones informáticas evaluaron el impacto de sustituir la vegetación de alta inflamabilidad por especies de plantas de baja inflamabilidad caracterizadas por una alta retención de humedad en las hojas y bajas concentraciones de aceites esenciales volátiles. Cuando estas especies seleccionadas se modelaron en condiciones de riego regular o localizado, los resultados demostraron una acusada reducción tanto en la velocidad de avance del fuego como en la energía calórica radiante total emitida por el frente del incendio.

El mecanismo subyacente identificado en la modelización implica suprimir la transición de incendios de superficie a incendios de copa de alta intensidad. Al mantener niveles elevados de humedad en el combustible dentro de la franja verde, el frente de fuego en avance consume una energía térmica significativa evaporando la humedad del tejido vegetal en lugar de inflamar rápidamente los compuestos orgánicos volátiles. En consecuencia, los incendios modelados se ralentizaron notablemente y mostraron longitudes de llama menores al entrar en la zona irrigada. Según la investigación publicada por phys.org, esta reducción en la velocidad y en la emisión de energía proporciona a los servicios de emergencia un margen operativo ampliado para establecer líneas de contención, proteger estructuras y evacuar de forma segura a los residentes cercanos.

## Por qué es importante

Los hallazgos ofrecen una herramienta prometedora para la reducción del riesgo de desastres, la ordenación del territorio municipal y la gestión del agua urbana en regiones propensas a incendios en Australia e internacionalmente. Las crecientes zonas periurbanas de Australia colindan con frecuencia con bosques esclerófilos secos y zonas de matorral de eucaliptos, creando una extensa interfaz urbano-forestal donde las amenazas de incendio para las vidas y las propiedades son más agudas. Los cortafuegos de suelo desnudo pueden sufrir una erosión del suelo severa y no logran evitar que las ascuas transportadas por el aire salten las líneas de contención, mientras que los cinturones verdes irrigados brindan continuos beneficios de enfriamiento ecológico y microclimático al tiempo que sirven como infraestructura pasiva de mitigación de incendios durante emergencias.

Desde la perspectiva operativa de la lucha contra incendios, la intensidad del fuego determina si las dotaciones de tierra pueden combatir directamente un frente. En la ingeniería de incendios forestales, la intensidad del fuego suele calcularse mediante la fórmula de intensidad de Byram, que mide la emisión de energía en kilovatios por metro de frente de fuego. Cuando la intensidad supera aproximadamente los 4.000 kilovatios por metro, el ataque directo con mangueras y la contención con herramientas manuales resultan peligrosos e ineficaces, lo que obliga a los organismos de extinción a retirarse a líneas defensivas secundarias más distantes. Al suprimir la radiación térmica y mantener la intensidad del fuego por debajo de los umbrales operativos críticos en el perímetro urbano, los cortafuegos verdes permiten que las dotaciones de tierra y la maquinaria pesada operen con seguridad cerca de las estructuras.

Además, integrar los cortafuegos verdes en la gestión municipal del agua permite a los ayuntamientos utilizar aguas residuales recicladas o agua de lluvia urbana captada. En lugar de verter los efluentes tratados al mar o a los sistemas fluviales, las autoridades hídricas pueden redirigir el agua reciclada para regar las zonas de defensa, transformando un flujo de residuos municipales en infraestructura funcional de mitigación de desastres sin recurrir al suministro de agua potable durante las estaciones secas.

## Antecedentes

Australia es reconocida como uno de los entornos más propensos a los incendios del planeta, debido a su clima seco, las olas de calor estivales y los fuertes vientos estacionales. La flora nativa del continente está dominada por especies de eucaliptos adaptadas al fuego (Eucalyptus, Corymbia y Angophora), que contienen aceites terpénicos volátiles en sus hojas y producen abundante corteza seca y hojarasca. En condiciones de fuertes vientos y elevadas temperaturas, estos combustibles generan incendios forestales intensos y de rápida propagación capaces de originar fenómenos meteorológicos localizados, como nubes de tormenta pirocumulonimbos.

El referente moderno de la destrucción por incendios forestales en Australia se produjo durante la temporada del "Black Summer" de 2019-2020. A lo largo de un período de ocho meses que abarcó New South Wales, Victoria, Queensland, South Australia y Western Australia, los incendios quemaron entre 24 millones y 35 millones de hectáreas de tierra. El desastre causó 33 víctimas mortales directas, destruyó más de 3.000 viviendas, afectó a unos 3.000 millones de animales salvajes y provocó unas 445 muertes indirectas estimadas debido a la inhalación de humo peligroso.

Tras la catástrofe, la Royal Commission into National Natural Disaster Arrangements de 2020 destacó la urgente necesidad de contar con estrategias innovadoras de gestión de combustible, una mejor ordenación del territorio y una mayor protección de los perímetros urbanos. Las quemas prescritas tradicionales —realizadas durante los meses fríos de invierno para reducir la hojarasca forestal acumulada— se enfrentan a crecientes limitaciones operativas debido a que el cambio climático está reduciendo los márgenes meteorológicos seguros para quemar. En consecuencia, los investigadores se han centrado en enfoques alternativos, como la clasificación de la inflamabilidad de las plantas y la gestión localizada de la humedad de la vegetación, para reforzar los sistemas de defensa de las comunidades.

## Reacciones

Tras la publicación del estudio de la University of the Sunshine Coast, se espera que los organismos de servicios de emergencia, los ayuntamientos locales y los gestores de tierras medioambientales revisen la viabilidad operativa de los sistemas de cortafuegos verdes. Los servicios estatales de bomberos, como el Queensland Fire and Department of Emergency Services y el New South Wales Rural Fire Service, evalúan periódicamente la modelización académica para determinar si pueden integrarse nuevas técnicas de extinción en los planes regionales de gestión de incendios.

Los ayuntamientos locales deben tomar decisiones sobre las inversiones en infraestructura necesarias para establecer sistemas de distribución de agua reciclada de doble tubería a lo largo de las fronteras periurbanas. Se prevé que los científicos medioambientales y las organizaciones de conservación evalúen la selección de especies dentro de los cortafuegos verdes propuestos para garantizar que las plantas de baja inflamabilidad no se conviertan en malas hierbas invasoras en el matorral nativo adyacente, evaluando al mismo tiempo la eficiencia del uso del agua durante períodos de sequía prolongados.

## Lo que aún no se sabe

Aunque las simulaciones informáticas muestran claros beneficios teóricos, varias cuestiones técnicas y prácticas siguen sin respuesta en la información disponible. Las especies de plantas específicas probadas en el modelo de Sunshine Coast, junto con sus curvas precisas de retención de humedad foliar y los parámetros de retraso de la ignición, no se han detallado en el resumen inicial.

Además, no se especifica el volumen exacto de agua necesario por hectárea para mantener una humedad eficaz en la vegetación durante episodios de olas de calor extremas, cuando la demanda de evaporación atmosférica es más alta. Tampoco se menciona el coste de capital comparativo por kilómetro de construcción y mantenimiento de cinturones verdes irrigados frente al desbroce físico tradicional o las quemas prescritas. Asimismo, quedan dudas sobre cómo responden los cortafuegos verdes en condiciones de viento extremo superiores a 80 kilómetros por hora, donde los focos secundarios intensos pueden transportar ascuas en el aire a kilómetros de distancia del frente principal del fuego, superando por completo las barreras de vegetación a nivel del suelo.

## Puntos a seguir

Entre los acontecimientos clave a seguir figura la publicación del estudio completo revisado por pares en el que se detalle el marco de simulación, los parámetros matemáticos y las especies de vegetación específicas analizadas por el equipo de la University of the Sunshine Coast. Las partes interesadas también seguirán de cerca si los organismos estatales de bomberos o los consejos regionales inician ensayos sobre el terreno para probar parcelas de cortafuegos verdes físicos a lo largo de las fronteras de alto riesgo entre zonas urbanas y forestales.

Otros indicadores a seguir son si las herramientas nacionales de predicción de incendios forestales, como la plataforma Spark desarrollada por la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO) de Australia, incorporan los parámetros de los cortafuegos verdes irrigados a la modelización operativa. Por último, las actualizaciones de la planificación municipal y las asignaciones regionales de reciclaje de agua de cara a las futuras temporadas de incendios forestales en Australia indicarán si los cortafuegos verdes pasan de la investigación académica a la práctica activa de la planificación urbana.

Este informe se basa en investigaciones científicas publicadas por phys.org que detallan la modelización por simulación informática desarrollada por investigadores de la University of the Sunshine Coast.

Fuente: phys.org

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